Adios a José y gracias por todo, de todo corazón

Por Pascual Ferrer Mirasol

El día 23 de enero, cuando venia el día se nos fue José Mallor Espinosa, “El Jose el Pinero”, se fue tranquilo sabiendo que se iba.
Ya hacía días me dijo; “esto se acaba, pero bueno cuanto más tarde mejor”. Pero me lo dijo de una forma, de esa forma con la que él me decía las cosas, que parecía algo bueno. El día 24, día de Nuestra Señora de la Paz, fue el entierro. El José, es de esas personas que pasan por la vida dejando, sí dejando, en el más amplio sentido de la palabra. Mi relación con él ha sido de muy diferentes formas y facetas. La de zagal cuando iba alguna vez por la torre del Pino a jugar con sus hijos que era más bien escasa, la de más mayor cuando ya el trato era un poco mas de hombre y la amistad con su hijos se hizo mas fuerte y la de unos años a esta parte cuando mi relación con él se hizo mas intensa a raíz de la formación del Centro de Estudios, ya que muchísimas veces acudimos a él, desde la amistad que nos unía  para que nos contara cosas de cualquier tema. Junto con Víctor recorrimos muchos lugares, como ya cuenta Víctor en su blog, y en cada lugar nos contaba algo interesante, donde mas se emocionaba era con el convento de los Campillos.

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El convento era su alegría de niño y su tristeza de mayor. Recuerdo perfectamente el día que se celebraba el Centenario de la venida de los Padres Capuchinos al Convento de Hijar, todo era satisfacción. Todavía se hizo mas intensa cuando les explico parte por parte a los frailes lo que fue y como se vivía en el convento antes del fatídico 1936.

Recuerdo su frase para reprendernos: “Pero hombre de dónde habéis sacao eso”, o aquel “ala” moviendo la cabeza de medio lado y levantando la mano. Me he pasado horas hablando con él de cualquier tema (a José le interesaban todos los temas y trato de enterarse de cómo funcionaba el mundo en el que le toco vivir e incluso el que ha de venir) ya que unos llevan a otros, y esto con José siempre era un gusto. Siempre era algo agradable, tanto cuando me contaba sus vivencias e historias, como cuando tocábamos temas de actualidad y discrepábamos, creo que entonces ambos lo pasábamos todavía mejor, él tratándome de llevar por el camino correcto y yo sin dejarme. Jose nos dejo muchas cosas contadas pero también escritas. Trece fueron los diferentes artículos que nos dejo entre Adarves y Rujiares y a cual más bonito e interesante. Invito a todos a desempolvar las viejas publicaciones. Con José, como suele decirse cuando muere gente de esta categoría, se nos ha quemado una biblioteca, pero afortunadamente gracias a sus escritos hemos salvado unos cuantos ejemplares. De él solo puedo decir cosas buenas. Descansa en paz José, aunque tu siempre viviste en paz y ahora estarás donde estén los buenos, que eso es lo que eras sobre todo, y como decimos en tu pueblo, una buena persona.

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